El privilegio de destruir

El adultocentrismo es el paradigma hegemónico sobre el que gira la tierra. La convención social nos ha enseñado que la visión correcta del mundo es la del hombre adulto, por lo que cualquier pensamiento que no cumpla esos atributos tiene poco o ningún valor sin necesidad de justificación: ‘’la falta de experiencia’’ o ‘’la falta de madurez’’; simplemente, una persona considerada joven tiene vetado el acceso a los privilegios del estatus adulto. 


Esto no es otra cosa que una relación de poder -histórica, institucional y hegemónica- de personas adultas hacia jóvenes, lo que deriva sí o sí en violencia de muchísimos tipos: por ejemplo, el ejercicio de dominación normalizado por parte de progenitores hacia sus hijos, o el propio sistema judicial de menores que culpabiliza a niños o niñas de ser violentos y de reproducir lo que ven en casa; es decir, de parecerse a sus padres.

Niñxs en la cárcel por reproducir la violencia que reciben en casa, mientras los padres evaden su absoluta responsabilidad y son aplaudidos por su narcisismo: Así se construye la cultura del adultocentrismo.

La estructura del sistema tiene unas normas y convenciones que, te gusten más o te gusten menos, son las que dictan la normalidad y enfrentarlas te supondría un conflicto verdaderamente traumático, porque te las verás remando contra viento y marea, contra la inquebrantable normatividad intentando callarte. Esto es así seas quien seas, aunque obviamente la tormenta soplará mucho más fuerte cuanto menos privilegiada sea tu posición en la pirámide: la raza y el género son factores clave para posicionarte arriba o abajo. Pero tu edad es el factor que determina si estás dentro o estás fuera. 

Cuenta la leyenda que alguna capa sin héroe consiguió vencerle, pero la realidad es que son pocas las personas que no rehúsan de luchar contra el gigantesco monstruo del adultocentrismo. Es tan real como martilleante: cuando menos te lo esperas, cuando crees que puedes estar segura, entonces aparece. Para una persona joven esto puede ser tanto en la relación con sus padres, como en el colegio con los profesores… incluso durante la terapia con su propio psicólogo. El cuestionamiento y la infravaloración constantes son solo algunas de la formas en las que el monstruo del adultocentrismo va minando todo lo que pisa y acechando muy sutilmente.

Toda persona que no cumple los requisitos de la adultez siempre tiene al monstruo rondando cerca, esperando el momento perfecto para atacar calibrando violencia y discreción. Algunos síntomas son la absoluta sensación de desnudez, inseguridad y confusión, mareos provocados por una fuerte sed de paternalismos que solo se alivian al conseguir aprobación. Aprobación adulta, obviamente.

Así es cómo funciona el adultocentrismo: tan pronto como encuentra sitio llega a meterse en la cabeza de una misma, hasta plantar la semilla de la culpa, consigue doblegarte y busca reducirte porque (todavía) no eres un adulto, y porque lo ideal es que no lo seas nunca.


La muerte de Ilias Tahiri, hace ya más de un año, trajo manifestaciones y acusaciones contra el sistema administrativo y judicial, contra el negocio especulativo de los centros de menores y contra el propio CIMI Tierras de Oria, donde estaba enjaulado y donde fue asesinado.

En los últimos días, algunos medios han difundido públicamente el vídeo de su muerte: la noticia se ha hecho viral como no se hizo hace un año, y ha vuelto entonces a cobrar fuerza, ahora que al fin unas pruebas audiovisuales confirman lo que jamás se debió cuestionar. 

Después de un año intentando dar luz a este tema, al asesinato de Ilias, y con poco apoyo por parte de los medios, veo de repente este vídeo circulando masivamente por las redes y no puedo evitar preguntarme muchas cosas... 
¿Por qué esto ahora, justo ahora? 

Quizá porque el sufrimiento de una familia es materia prima para explotar la industria del morbo y el estiércol, y por eso nunca hay que dejar de remover la mierda.
Quizá porque las palabras de una familia, inmigrante y de clase trabajadora, que conocen a su hijo/hermano no tienen ningún valor frente toda la estructura especulativa del sistema judicial. Y quizá, la reflexión que más me convence, es que difundir este vídeo ahora, los últimos minutos de vida de Ilias, el denigrante momento donde es asesinado, representa una oportunidad, tanto dentro como fuera del mercado. Y tonto el último.

Ni las circunstancias ni las causas han cambiado, ambos murieron humillados.

En esta misma línea, un hecho que no ha pasado desapercibido es el reciente asesinato a George Floyd: su muerte se ha escuchado en todo el mundo para destapar el evidente y nunca escondido racismo institucional. George, un hombre negro de 46 años, es asesinado por un policía el 25 de mayo de 2020 en EEUU. Este policía, al igual que hicieron sus carceleros con Ilias, le asfixió apretando su rodilla contra el cuello hasta que dejó de respirar.


La visibilidad que las redes han dado a su muerte no es, curiosamente, la misma que tuvo Ilias cuando fue asesinado en condiciones muy similares, estando sujeto boca abajo: no trato de comparar ni darle más valor a una muerte que a otra; Pretendo poner el enfoque en el oportunismo, en el interés de utilizar este dolor, precisamente este. Igual hace un año no parecía tan indignante la muerte de un chaval racializado y pobre, pero está claro que los motivos de esa muerte no han cambiado desde entonces.

Pobre y moro, pero Ilias murió por joven.

Ilias y George tuvieron que desenvolverse entre las asperezas de la vida, no precisamente como príncipes de sangre azul. Ya estaban las cartas repartidas dentro de esta pirámide, y está claro que no les tocaron las mejores. Con cartas muy parecidas y quizás estrategias de juego similares, la diferencia radical es que Ilias jamás pudo tan siquiera decidir sobre sí mismo. Nunca tuvo esa opción porque simplemente no existe. Dijera lo que dijera, el monstruo del adultocentrismo tenía siempre otros planes para él.


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