La presencia del corazón

Hablando más allá de un aséptico sentido figurado (sentido al que es fácil acceder de un vistazo en este mundo visible) continúo en mi propósito personal de deshilar los conceptos recónditos que giran en torno a mi propia identidad, para tratar de entender, pasico a pasico, el tejido que conforma su lógica, su esencia y su expresión.

Me despertaba muchísimo interés este tema, porque llevaba unos días escuchando de manera muy indiscriminada la palabra dignidad. Y, digo de manera indiscriminada, porque hasta yo misma he llegado a dudar de su significado; por ello no he conseguido sacarla de mi mente, porque ahora incluso me siento insegura de si realmente está conmigo o si consigo comunicarme eficazmente con ella.

No es una banalidad para mí hablar de dignidad.


Me ha llevado mi tiempo construir el concepto y reconocerlo. Tanto es así que, a veces, me avergüenzo de nombrarlo... 
Dignidad.

Como si no la mereciese o se me quedara grande. Lo que más me convence es que jamás llegaré a entenderla realmente en todo su esplendor y complejidad. Asumo y respeto su grandeza ajena a mí, pero sin desvincular mi obvia responsabilidad.

Pero creo que mi autocrítica no parte de verme insuficiente para su expectativa, o no dar la talla hacia ella, sino del expolio que el mundo visible, este mundo material, ha hecho de este concepto para poder marcar un estándar y unas expectativas de lo que debe sentir el corazón para cumplir con lo que ciertamente es digno según el protocolo marcado.

No ha sido en vano este incansable y discreto intento de expropiación del alma hacia quienes la sentimos. de alguna forma, este protocolo que marca el sistema también me sirve a mí misma como escala de medición y como herramienta de comunicación para llegar hasta la calma que alimenta mi esencia, aunque yo no siga los medidores propuestos ni el protocolo me induzca ni un atisbo de luz sobre el camino.

En un principio, esta corrupción que estamos destapando puede ser difícil de asumir, porque el canon imperante establece unos estigmas de aceptación y unos patrones de lo socialmente correcto muy concretos, que no dan lugar a medias tintas. Y entiendo que quizá idealizas lo que aparentemente ves más accesible -como es hacerte un pequeño hueco dentro de esta orquestada toxicidad- al menos en un comienzo, para buscar y encontrar respuestas que a veces no son tan inmediatas (como las que ofrece la búsqueda de tu propia esencia, la deliciosa cocina a fuego lento que hay en tu alma...)

Con una perspectiva de mayor pureza, ahora me siento incluso agradecida, ya que esta ha sido una de las señales que más me han aclarado mis gafas borrosas.
Gafas que tenía pero con las que no era capaz de ver. 

Las normas son sencillas pero concisas, o estás dentro o estás fuera, debes elegir, ahora o nunca.

¿Quieres ser alguien? Estás dentro.
¿Quieres ser nada? Estás fuera. La marginación. El frío. El calor.

Nada es justamente lo que puedo obtener si estoy buscándome a mí, a mi esencia, a mi dignidad. 

Sólo cuando lo he encontrado, cuando he sentido su presencia, he podido construir mi dignidad, que es la que me protege dentro, fuera y esté donde esté.

La presencia de mi corazón construye el sentido de todo lo que gira en torno a mí: conforma el hilo de conexión entre mi alma y mi razón, naciendo de ésta meticulosa simbiosis mi dignidad. Por ello necesito tenerlo siempre presente, contar con él ya no como guía, si no como única brújula, ya que llegado el momento será imperante elegir entre él o la incertidumbre infinita. 

Esto no es más que la introducción de lo que ha sido mi imprescindible primer paso.

Mantener presente a mi corazón no es cosa de un día, ni de dos, ni se puede medir con ninguna escala porque, simplemente, no es ninguna cuestión de tiempo. Es un entrenamiento diario que solo puede convertirse en hábito mediante fuerza, constancia y autentica conciencia: Por eso es tan insalvable este primer paso: Porque supone conectar el motor para recorrer una carretera que, una vez hecho el contacto con la llave y tratando de mantener firmeza frente al volante, ya solo puede ir sobre ruedas.


Comentarios

  1. Un texto muy bonito, certero y directo. Se nota que tienes bastante pasión a la hora de sentir, pensar y escribir. Te animo a que lo sigas haciendo y puedas deleitar los sentidos de quienes te leemos. Gracias. Gracias por ofrecer sentimientos en un mundo cada vez más árido de ellos.

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