Mi reseña de ''MAD MEN''

Esta reseña, escrita a lo largo de 2 años, no está cuidada de spoilers. Hay un poco de reseña en este spoiler, de hecho. Por eso, si no has visto la serie, recomiendo encarecidamente que la veas y encuentres tus propias proyecciones antes de leer ninguna otra crítica. Es una serie sobria pero punzante, y seguro que no te dejará indiferente.

''Mad Men'' no es el tipo de serie que suele engancharme, y lo tenía claro cuando me decidí a empezarla. De hecho, atribuyo la mayor parte del mérito a mi necesidad de buscar una evasión de la ansiedad. Y, sin duda, lo que me hizo sumergirme de pleno fue mi conexión cómplice con las emociones de su protagonista. La repentina sensación de encontrar una justificación.

Me absorbió esta constante y extraña empatía con el personaje de Jon Hamm:
El personaje de Don Drapper se construye y se deconstruye conforme evoluciona la serie majestuosamente, de manera que comienzas viendo un hombre ''hecho a sí mismo'', carismático, seguro de sí mismo, decidido, virtuoso y discretamente vanidoso; al que seguro admiras o deseas. 

La trama temporal, tan relajada y modesta, se toma su tiempo para presentarte no solo al protagonista y a los personajes. Es una serie larga pero sin duda lo que destaca en ella es el detalle: emociones que se despiertan en situaciones que el personaje no tenía programadas, decisiones que lo cambian todo en el último momento, diálogos que van más allá de una banal conversación... 

Lo que engancha, de lo que quise más en cuanto probé, es Don y su dicotomía personal. Él mismo desprende para los demás una seguridad, una confianza, que no tiene para sí. Poco a poco, se va asomando discretamente toda la mierda que tiene en la cabeza, que él intenta esconder bajo la alfombra, y va haciéndose un bulto cada vez más enorme. El bulto es casi un monstruo que previsiblemente acabará comiéndoselo.

Quizá ni él mismo es consciente como hasta que punto le persigue su pasado. Con todo el dolor que guarda bajo la alfombra, y que solo ha sabido transformar en culpa y vergüenza, trata de avanzar, confiando en que el bulto no explote, en que por sí solo se disuelva... 
Don arrastra carencias enormes de su infancia y, claro, se niega a que le definan. Es por eso que quiere escalonar en Madison Street, quiere ser un publicista reconocido e influyente: necesita demostrarse a sí mismo (o simplemente convencerse) que todo fue una mentira, que el mundo, tal y como lo conoció, lo inventan tíos como él.

Pero como barre indiscriminadamente y, por supuesto, evita a toda costa mirar atrás, no sabe que todo lo que lleva a cuestas en su bulto, todo lo que ha metido bajo la alfombra, cobra vida propia, y llegado el momento, el bulto es más grande que Don.
Destaca entre la mayoría de sus colegas de la agencia en ciertas virtudes impropias en hombres elitistas, individualistas y educados en el egoísmo y el trato impersonal. Don demuestra continuamente ser humilde, respetuoso y, en realidad, agradecido. Sus ansías por ayudar también muestran su necesidad de sentirse indispensable, útil, amado.

Esto también vuelve a reflejar esas heridas que arrastra de la infancia y que se han transformado en miedos encadenantes. En miedos que, efectivamente, tíos como él perpetúan, y él lo sabe. Tíos como él inventan el miedo y el amor, y hacen mercado con ellos en función de a cuanto salgan en bolsa.

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